sábado, 23 de junio de 2007

Corto de café...

Un caminar triste le trae hacia mi. Los botones de su arrugada camisa a duras penas soportan la presión a la que se ven sometida por su desproporcionado abdomen. Según se acerca, observo como las gotas de sudor van deslizándose por su frente hasta que se pierden en sus espesas cejas. Las gafas caídas dejan entrever unos ojos pequeños e irritados que denotan cierta indiferencia hacia mi.

Apenas nos separan un par de metros cuando levanta su grueso brazo para reclamar mi atención mientras, todavía con estupor, observo como las sandalias que calza dejan ver unas uñas desproporcionadas de un color amarillo enfermizo. Antes de que pueda decir nada levanto la vista y atropelladamente le pido un cafe con leche. Sin dejar que termine, y mostrando cierta desilusión, se gira y emprende de nuevo su triste caminar.

martes, 19 de junio de 2007

Se va a caer el sol

No me gustan tus ojos.
Pero me gusta oírte llorar cuando dormimos. Hablas en sueños y, a veces, me dices cosas.
La otra noche pronunciaste tres palabras. La primera fue “ya”; un rato después, escuché que decías “no”. Más tarde, cuando amanecía, vino la última. “Tequiero”.

Me gusta pensar que eres fea; y también que un día se caerá el sol, y será por tu culpa.

domingo, 3 de junio de 2007

¿Por qué?...

Poco a poco los papeles que se encuentran encima de la mesa caen uno tras otro. Miras a través de la ventana abierta como llueve, mientras yo no puedo levantar la vista de tus pies. Estás inmóvil. No me atrevo a hablar, y aunque pudiera no sabría que decir.

Levanto la vista y observo como el viento hace que la lluvia se mezcle con tus lágrimas. Cierro los ojos e intento imaginarte con la sonrisa que nunca te abandono hasta hoy, pero no puedo, solamente veo tus ojos llorosos preguntándome un porqué.

Noto una lagrima recorrer mi rostro hasta la barbilla y como permanece allí hasta que otra lagrima le obliga a precipitarse al vacío, mientras siento como te agachas a mi lado y me besas. Sin abrir los ojos, veo como coges tu abrigo y cierras una tras otra la puerta de la habitación, de la casa y de mi vida. Mientras, yo solo intento no pensar en lo que no sucedió.