No me gustan tus ojos.
Pero me gusta oírte llorar cuando dormimos. Hablas en sueños y, a veces, me dices cosas.
La otra noche pronunciaste tres palabras. La primera fue “ya”; un rato después, escuché que decías “no”. Más tarde, cuando amanecía, vino la última. “Tequiero”.
Me gusta pensar que eres fea; y también que un día se caerá el sol, y será por tu culpa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario