Un caminar triste le trae hacia mi. Los botones de su arrugada camisa a duras penas soportan la presión a la que se ven sometida por su desproporcionado abdomen. Según se acerca, observo como las gotas de sudor van deslizándose por su frente hasta que se pierden en sus espesas cejas. Las gafas caídas dejan entrever unos ojos pequeños e irritados que denotan cierta indiferencia hacia mi.
Apenas nos separan un par de metros cuando levanta su grueso brazo para reclamar mi atención mientras, todavía con estupor, observo como las sandalias que calza dejan ver unas uñas desproporcionadas de un color amarillo enfermizo. Antes de que pueda decir nada levanto la vista y atropelladamente le pido un cafe con leche. Sin dejar que termine, y mostrando cierta desilusión, se gira y emprende de nuevo su triste caminar.
Apenas nos separan un par de metros cuando levanta su grueso brazo para reclamar mi atención mientras, todavía con estupor, observo como las sandalias que calza dejan ver unas uñas desproporcionadas de un color amarillo enfermizo. Antes de que pueda decir nada levanto la vista y atropelladamente le pido un cafe con leche. Sin dejar que termine, y mostrando cierta desilusión, se gira y emprende de nuevo su triste caminar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario